Colaborador invitado

Javier Náñez Pro – Viernes 20 de Marzo de 2015

Se le llama periodismo a la captación y tratamiento escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquier de sus formas y variedades.

Aunque técnicamente aparenta no tener la mayor dificultad ser periodista, la verdad es que gran parte de quienes se jactan como tales, realizan un trabajo de investigación inverosímil en cuanto a su importancia, o se comportan de forma parcial, violando el código de ética de su profesión.

Carmen Aristegui, al igual que algunos pocos, es una grata excepción.

Y es que la situación no es nada fácil para los periodistas. La acción de grupos islamistas radicales en el mundo ha ocasionado una regresión brutal en términos de libertad de prensa.

No olvidemos que hace menos de tres meses un par de hombres irrumpió en las instalaciones del periódico satírico “Charlie Hebdo” en Paris, y asesinaron a 11 de sus miembros debido al contenido mordaz del semanario en relación al Islam.

Y mientras en el extranjero quienes atentan contra esta libertad son unos cuantos extremistas religiosos, en México la situación es más decepcionante.

La asociación “Reporteros sin Frontera” emitió un informe en el que destaca que en 2014, nuestro país ocupó el lugar 148 de 180 países analizados en términos de libertad de prensa.

El informe destaca que México fue el país del hemisferio occidental más mortífero para los periodistas debido a los asesinatos, secuestros, ataques físicos y las amenazas casi siempre quedan impunes, alimentando el miedo y la autocensura.

Ejemplo de ello, apenas a finales del año pasado, es el caso de una tuitera que participaba como activista en redes sociales para denunciar la violencia que afecta al estado de Tamaulipas, quien fue secuestrada y murió a manos de la delincuencia organizada por su valerosa labor.

Apunta la Comisión Nacional de Derechos Humanos que más de 80 periodistas han sido asesinados entre 2000 y 2013, lo cual ubica a México en el sexto país del mundo con más homicidios de periodistas y en el quinto lugar en secuestros a este gremio.

A lo anterior podemos sumar las cifras del último reporte de la asociación “Artículo 19”, según el cual, las agresiones contra comunicadores son cometidas mayoritariamente por servidores públicos que amenazan o atacan a la prensa.

En este sentido, no es nada extraño que MVS Radio despidiera a los dos periodistas que exhibieron la Casa Blanca del Presidente y la de Malinalco del Secretario de Hacienda, en donde destaca Grupo Higa, empresa que obtuvo 8 mil millones durante el gobierno de Peña Nieto en el Estado de México y que actualmente encabeza las concesiones de su actual gobierno, tal como el polémico caso del acueducto Monterrey VI, por el que se pagarán 47 mil millones de pesos.

Lo anterior con el pretexto de que habían comprometido el nombre de MVS con Mexicoleaks.

Difícilmente es casualidad que, al momento de su despido, estos periodistas se encontraban investigando la casa de Malinalco y la matanza de Tlatlaya sucedida en Estado de México, joya de la corona del Grupo Atlacomulco.

Y no es la primera vez que MVS presenta indicios de pactos con el gobierno de Peña, pues en 2012, apenas unas semanas después de la elección presidencial, John Ackerman se vio obligado a renunciar como colaborador de MVS alegando censura, debido que a partir de esa fecha, suspendieron sus colaboraciones en materia de derecho electoral, en donde hablaba sobre criterios de nulidad de elección.

Y fue así, después de que la periodista exigiera la reinstalación de estos dos periodistas a su equipo, cuando MVS decidió despedirla, situación que ha resultado en protestas y atención mundial sobre la situación, además de la renuncia inmediata de importantes académicos, como un acto de solidaridad.

Como agua en el desierto, el periodismo independiente y de calidad es muy raro en México y debemos de cuidarlo, pues somos los principales beneficiados. Yo ya no quiero que la lógica de mi país sea que ante el descubrimiento de un conflicto millonario entre el Presidente, su esposa, y el Secretario de Hacienda, los expulsados sean los que lo descubren. ¿Y ustedes?